Valderrama,vida y obra de Jaime Ortiz-Patiño

El sábado 3 de noviembre de 2007, durante la tercera jornada del Volvo Masters en Valderrama, Jaime Ortiz-Patiño le pidió a María Acacia López Bachiller que se reuniese con él en la carpa “President’s Suite” del hoyo 17: “Por favor, ven a verme, necesito hablar contigo”. Se sentó junto a él y lo que sigue fue su testimonio, que le rogó divulgase. Así lo hizo dos días después cumpliendo su deseo, y ahora, que ya no está entre nosotros y le dimos el último adiós en la Iglesia de Ntra. Sra. de la Merced en Sotogrande, lo reitera. Está transcrito tal como lo contó a María Acacia López Bachiller hace más de cinco años.

Jaime Ortiz-Patiño: “Esta historia empezó hace 22 años, yo tenía 55 y hasta entonces mi vida era totalmente diferente. Cuando compré Valderrama nunca se me había pasado por la cabeza meterme en el mundo del golf, a no ser que fuera para jugarlo. Siempre me gustó este campo, pero nunca pensé que llegaría a tener una relación tan cercana.

Cuando Joe McMicking (fundador de Sotogrande) le pasó el mando a Enrique Zobel, que tomó las riendas de Financiera Sotogrande, decidieron vender el campo que entonces se conocía como Las Aves. Yo me enteré, encontré un grupo de compradores, y siete amigos y yo decidimos presentar una propuesta. Yo no quería que este campo cayese en manos de cualquiera y que aquí empezase a entrar turismo de baja calidad, de ninguna manera. Nos unimos los ocho amigos, decidimos comprarlo, lo llamamos Valderrama (nombre de uno de los cinco cortijos que McMicking había adquirido para construir su sueño: Sotogrande) y yo me quedé con el 50%. Era 1985.

Tres años más tarde les compré a los siete socios -Jacques Bemberg, Rainer Gut, Helmut Maucher, Enrique Zobel, Paul Jeanty, George Moore y Sir Philip Oppenheimer- su parte, yo tenía otras ideas y una ilusión: quería que fuese el mejor campo del mundo, el dinero que generase quería revertirlo en el propio campo. Ellos hicieron un buen negocio al vendérmelo, y me quedé con todo.

En el 87 llegó Mel Pyatt, a través de Derek Brown, con la idea de hacer aquí un gran torneo. En aquel momento sólo había nueve hoyos que estuviesen bien, estábamos dinamitando el terreno, había miles de camiones de cinco toneladas por todas partes, bulldozers… Mel me convenció y también convenció al Tour Europeo de que el patrocinador elegiría el campo donde se jugase la Final que habían concebido, y él quería que fuese en Valderrama.

Pensé que Mel estaba loco, porque no solo debía convencernos a mí y al Circuito, sino también a la junta directiva de Volvo. Yo le dije “Mel, te va a costar convencerles, va a ser difícil”, y él me dijo “lo sé, pero me van a escuchar”.

Vino a mi casa a almorzar con Carlerec Haggstrom, un gran caballero y la persona que decidía en Volvo. Durante el almuerzo le conté mis planes y luego enseñé el campo. Era verano, no había agua ni barro pero tragamos muchísimo polvo y había tractores por todas partes. Le mostré lo que hoy son los nueve primeros hoyos, la cascada y toda esa parte. Él me miraba atónito, sacudía la cabeza de vez en cuando y me preguntó “¿crees que lo puedes hacer?”. Yo le dije “prometo que lo voy a hacer”, y así fue. Soy consciente de que hoy no hubiese sido posible.

En esa época la gente quería trabajar y mejorar, las mujeres querían tener friegaplatos, los hombres televisión en color, mejores coches, y aquí en la zona me encontré con todo el mundo dispuesto a trabajar 15 horas al día 7 días a la semana; querían trabajar de verdad para mejorar el nivel de vida. Yo les ofrecí la posibilidad y lo aceptaron. Hoy en día, desgraciadamente, no habría sido posible. En Francia, si trabajan más de 35 horas semanales les meten en la cárcel, y aquí en Guadiaro ya no se encuentra nadie que quiera trabajar los fines de semana y festivos. Por eso sé que hoy, a pesar de la tecnología moderna, no hubiese sido posible llevarlo a cabo. Me encontré con una ventana abierta y la aproveché.

Cumplí mi sueño y la promesa que le hice a Haggstrom: Valderrama estuvo terminado a tiempo para el primer Volvo Masters (octubre 1988). Creo que he conseguido situar Andalucía en lo más alto de la industria turística, hoy en día viene mucha gente a la Costa del Sol a jugar al golf y es lo mismo que para los americanos Florida en invierno, Andalucía es la Florida de Europa, pero me costó mucho hacerle ver eso a mucha gente.

En el 88, muchos me preguntaban “¿dónde está Valderrama?” y yo decía “en España”. “Si, pero ¿dónde está España?”, y yo respondía “en Europa, en la zona del Mediterráneo”, y seguían sin ubicarlo. Continuaban preguntando “sí, pero en el Norte o en el Sur”, y yo les decía, “está cerca Marbella, un centro turístico muy conocido y la capital es Málaga”, se confundían con Madrid y tenía que explicar que “Madrid es la capital de España”. Cuando decía que Valderrama está a 10 kilómetros al Este de Gibraltar todos sabían que era la entrada del Mediterráneo. Hoy en día, de los 60 millones de jugadores de golf que hay en el mundo, el 90% saben dónde está Valderrama y saben que es el primer campo de Europa, donde se jugó una Ryder Cup, y ubican Andalucía en el Sur de España.

Este es el regalo que yo he hecho a Andalucía por los 40 años que he pasado aquí tan feliz. Aquí está mi sitio; para mí lograr esto ha sido un placer por todo lo que he disfrutado en esta tierra, quería devolver algo a este país y a su pueblo y he conseguido que se conozca Andalucía como el centro del golf en Europa. Creo que ha sido mi contribución, no sólo para mí sino para los socios de Valderrama.

Robert Trent Jones me dijo una vez: “Jaime, es el mejor diseño que he hecho”. Al principio, cuando se lo encargaron, no le dieron suficiente terreno ni tampoco el dinero para hacerlo. Cuando yo le llamé le dije “si te doy el dinero y te compro los terrenos alrededor, ¿me haces un gran campo?”, y él me dijo: “the best” (el mejor).

Tengo la suerte de haber nacido con estrella y he tenido mucha suerte en la vida, si Dios así me lo ha dado Él sabrá por qué; he hecho algunas tonterías en mi vida pero he sido una persona con mucha suerte. Cuando me deshago de una cosa estoy feliz, por ejemplo, cuando me deshice de la finca que tenía en Ginebra: yo quería hacer nueve hoyos, me hizo el diseño Trent Jones y en Obras Públicas no me permitieron construirlo. Fui a juicio y lo perdí. Apelamos y lo perdí. Volví a apelar, llegó a la Corte Suprema y entonces lo gané. Pude hacer los nueve hoyos pero no me permitieron poner bunkers de arena, fueron cinco años de lucha en los que perdí mucho tiempo y dinero. Al final me salí con la mía y lo conseguí, hice el campo, jugué una sola vuelta y vendí la casa, la colección de obras de arte y la finca. Fue en 1992. Me sentí feliz al marcharme y pensé: “si no puedo hacer lo que quiera en mi jardín, ¡al diablo con ellos!”.

También me he deshecho de mi casa de Sotogrande y me siento feliz. Me di cuenta de que vivía en una casa muy grande con diez habitaciones, piscina, sauna… he vendido la mitad a un banquero y la otra mitad es para mi hijo Felipe. Ahora estoy en Valderrama en una casa pequeñita, con una habitación y un saloncito y me siento el hombre más feliz del mundo, no necesito más.

También dejé la presidencia de Valderrama y continúo siendo feliz. El año pasado, después de 21 años, se la cedí a mi hijo Felipe; todos me decían “será terrible, qué triste Jaime”, pero no ha sido así. Reconozco que tenía miedo y no sabía cómo iba a actuar Felipe pero estoy muy gratamente sorprendido, muy contento al ver cómo está haciendo las cosas y me quedo tranquilo, porque me he dado cuenta de que lo he dejado en muy buenas manos, las mejores.

Pero yo me había comprometido con Mel para hacer el Volvo Masters del 2007 y, cuando prometo una cosa, siempre la cumplo. Por eso esta semana he continuado responsabilizándome del mantenimiento del campo. La semana pasada y ésta he estado aquí todos los días a las 5.30h de la madrugada a pesar de que no me encuentro bien. Me he sentido como un niño y estoy deseando que esto termine para poder dormir, ¡estoy muy cansado! Como un niño he estado contando los días que me quedaban para terminar este trabajo; me acuerdo que en el colegio decíamos “nueve días para acabar y que lleguen las vacaciones, ocho, siete…” y a mí sólo me queda el día de hoy para que lleguen mis vacaciones. Es magnífico poder ser feliz, el hombre más feliz del mundo”.

Jaime Ortiz-Patiño
París, 20 de junio de 1930 – Marbella (Málaga), 3 de enero de 2013

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